Una
vez un hombre se pregunto
en donde nacerá el río,
y tomo camino arriba
descubrió que lo alimentaban otros ríos
pequeños,
que avanzaba sobre valles y hondonadas,
pero una mañana llego
hasta las montañas, donde brotaba
fuerte y cristalino,
en su caída se formaban
hermosas pozas de agua
y en sus orillas crecían orquídeas
y otras flores maravillosas,
colibríes y aves de colores
visitaban los estanques,
doradillas y demás peces
nadaban tranquilos
en este lugar de ensueño,
era la recompensa a su caminata
ahora sabia donde nacía su río.
Se recostó escuchando su canto,
pero otro canto lo sorprendió
en los umbrales del sueño,
el canto se hacia mas claro
y lo embelesaba por completo.
Se
incorporó para ver
quien cantaba tan bello,
y lo que descubrió, lo dejo maravillado
por el resto de sus días,
una sirena de cabello largo
y rojo, sentada sobre una piedra
con su hermosa cola de pescado
que brillaba como brillan las estrellas,
muy elegantemente se peinaba
y se echaba agua
con una gran jícara colorada.
La
sirena se sorprendió al verlo
pero no huyo,
no canto mas, y solo pregunto
con voz de cristal:
¿que haces en estos lugares
prohibidos para los humanos?,
¿como llegaste hasta aquí
sin el permiso de la montaña?.
Perdona,
hermosa señora,
nadie me dijo nada
ni me impidió acercarme
solo quería saber en donde nace el río
que yo amo tanto, amo su canto
y su benevolencia con nosotros,
porque riega nuestros campos,
y hace florecer a nuestro pueblo....
sin este río, sin duda
seriamos diferentes,
tal vez no habría rastro de nuestra gente
y yo no hubiera visto la vida como la veo.
La
sirena lo miro
y comprendió porque la montaña
no había impedido su paso.....
Ve
con los tuyos
y enséñales a respetar y querer
el río que es fuente de vida,
de inspiración y de recuerdos.....
guarda este presente
durante tu trayecto,
cuando llegues a tu pueblo
déjala en la corriente del río
y deberás guardar para ti su contenido
la
sirena no dijo mas,
solo con un ademán de reina
empujo sobre el agua su jícara,
que vino directo a la orilla
para que la tomara el hombre.
El
la recogió,
y ella se zambullo sin ningún ruido.
Seis
días caminó el hombre
para volver a su pueblo,
saco la jícara de su morral
para realizar el encargo.
¡Su sorpresa no cabía en agradecimiento!
la jícara, hasta el borde, estaba llena de
pescaditos de oro y otras piedras preciosas,
después, como le había dicho la sirena,
guardó su fortuna
y soltó la jícara en la corriente.
Desde
entonces el enseño
a respetar y amar al río
y un día me pregunto
si yo escuchaba como cantaba entre las piedras,
y me contó su historia
la que ahora, te cuento a ti...
Que de vez en vez,
se ven en el río
jicaritas coloradas,
quien logra tener una
tiene la fortuna asegurada.